01/06/2012

El dólar y el encubrimiento neoliberal.

Por Edgardo Mocca para Revista Debate

La discusión política central en la Argentina de hoy gira en torno a la cuestión del Estado. Por momentos, el centro parece trasladarse al terreno ético: se fija la mirada en el modo de vida y en el patrimonio de determinados funcionarios. En otras circunstancias se enfoca la cuestión de los derechos humanos y sociales en su relación con las prestaciones que suministra el Estado: aparecen así los problemas del transporte, el acceso a la vivienda, la calidad medioambiental de la vida, el derecho a la protesta, entre muchos otros. La derecha mediático-política se empeña en construir un mapa interpretativo que enfrenta a la “gente” con el Estado. Está claro que el filo no apunta al Estado en abstracto y en general sino a “este Estado”, a este gobierno. El Estado existe, se dice, para asegurar derechos; la democracia es, exclusivamente, un sistema de derechos.
Todo esto tiene, hay que decirlo, una apariencia encomiable. Especialmente en un país en el que hemos asistido y sufrido los atropellos más terribles que pueda cometer un Estado. El Estado argentino ha sido depredador de recursos, vaciador de la economía, perseguidor durante décadas de mayorías políticas populares y llegó a ejercer el terror sistemático contra su propia población. Poner al Estado en el banquillo de los acusados es entonces una práctica discursiva atractiva y rendidora. El problema es la perspectiva desde la que se la esgrime. Durante estos días, el lamento principal se dirige a defender los “derechos humanos” de la gente que quiere comprar dólares. Se ha llegado a escuchar, aunque parezca mentira, que las restricciones en bancos y casas de cambio significan una conculcación del derecho constitucional a “entrar y salir del territorio argentino”; curiosa afirmación que podría incluir entre los privados de ese derecho a muchos millones de personas cuyos ingresos no alcanzan para permitirse viajes al exterior. Para garantizar ese derecho constitucional el Estado debería pagar pasaje y estadía a todo quien lo pidiera al lugar que lo pidiera. Está claro que la idea es tomar de rehenes a quienes sufren los inconvenientes del control en lo que constituye un claro conflicto que tiene naturaleza económica y proyecciones políticas. Se trata de definir en el curso de una lucha esencialmente política si el Estado tiene capacidad para defender el valor de la moneda nacional y sus propias arcas, en el contexto de una crítica circunstancia mundial, o los grandes poderes económicos logran torcerle el brazo e imponer de facto las condiciones para un regreso al paradigma de la plena libertad de los mercados.


27/05/2012

Grecia, el eslabón débil y la novedad política.

Por Edgardo Mocca para Revista Debate

¿Es Grecia un país importante? Los comentaristas políticos del establishment suelen dar a este tipo de preguntas una respuesta que mezcla los tópicos de la guerra fría con los estereotipos neoliberales de moda en la década del noventa. Así construyeron las cadenas mediáticas su interpretación sobre el viaje presidencial a Angola. Combinaron una hipócrita alusión a la vigencia de los derechos humanos en ese país haciendo absoluta abstracción de su historia, con una mirada colonial del mundo en la que la asignación de importancia a las relaciones con países africanos resulta poco menos que una locura política. La hoja de ruta de la derecha mediático-política se detiene en Estados Unidos y en Europa. Ignora la crisis del capitalismo mundial, la emergencia de nuevos conglomerados regionales estratégicos, el nuevo escenario latinoamericano, la emergencia de China, la lucha mundial por la apropiación de recursos naturales decisivos para un futuro próximo…Y todo eso lo hace bajo la consigna de “no aislarnos del mundo”.
Claro, Grecia está en Europa. No es menor su condición simbólica como cuna de la llamada “cultura occidental”. Y agrega interés el hecho de que ocupó un lugar en “la tercera ola democratizadora” como suele ser designado el proceso que abarca el período entre 1974 y 1989 que abarca la caída del franquismo español y la dictadura de Salazar en Portugal, el proceso de democratización postautoritaria en América Latina y el derrumbe de los regímenes autoritarios del este europeo, iniciado el último de esos años con la caída del muro de Berlín. A esa saga se incorporó Grecia en 1974 con la caída de la llamada “dictadura de los coroneles”. Es muy difícil, entonces, incluirla en la lista de países que no cuentan en la escena mundial.
Las redacciones de los oligopolios no pueden, por lo tanto, ignorar los actuales acontecimientos en Grecia. Se lo trata, eso sí, con una lógica de tabique; es decir que de eso se habla exclusivamente en las secciones internacionales de los diarios y de los programas de radio y televisión, sin plantearse ninguna vinculación con lo que pasa en nuestro país y en nuestra región. Además los acontecimientos en ese país son presentados como el resultado de un desbarajuste económico que tiene un status parecido a un terremoto o a un tsunami: no hay procesos históricos, no hay actores sociales ni políticos responsables de la situación. Y, sobre todo, no hay política.


22/05/2012

Espacio nacional y popular

Por Carlos Almenara
Presidente EDE Mendoza en Nuevo Encuentro

 La reciente votación sobre la estatización de YPF muestra un cambio significativo del modo de funcionar del sistema político argentino.
Una oposición abroquelada en el “grupo A” que no significó más que la versión local de experiencias destituyentes de Bolivia, Venezuela u Honduras se desintegró como fuerza articuladora.
Siempre es buena la ocasión para coincidir y fortalecer las posibilidades de la política de transformar las estructuras de manera más favorable a las mayorías populares.
Lo que ya se expresó a nivel del pueblo puede expresarse a través de sus representantes. La articulación de coincidencias fuertes y sustanciales abriría el camino a oportunidades insospechadas.
El eje puesto en la oposición entre política y corporaciones habilita avances inéditos con la condición de que la política no se autonomice de las vivencias populares.
Hay una interpelación que los partidos que integraron el “grupo A” no podrán evitar por muchos fuegos de artificio mediático que convoquen: la defensa de las corporaciones no se compadece con la representación popular. Tenemos ejemplos a raudales.
El “grupo A” fue pródigo en defensas corporativas: oligopolios mediáticos, AFJPs, sus restos incluso intentaron defender a Repsol. ¡Miembros de ese grupo esgrimieron los argumentos británicos contra la soberanía argentina en Malvinas! Su fracaso y los grados crecientes de conciencia colectiva invitan a una reconfiguración del escenario.


19/05/2012

Scioli y el kirchnerismo: la etapa de las definiciones.


Por Edgardo Mocca para Revista Debate

El anuncio de Scioli de su voluntad de ser candidato presidencial en 2015 puede calificarse de cualquier modo menos como sorpresivo. La afirmación de su carácter prematuro, por parte de sectores dirigentes afines a la presidenta, es completamente razonable dada la distancia temporal que nos separa de esa elección. Pero Scioli no dijo que empezaba su campaña proselitista; lo que hizo fue algo así como una “reserva de lugar”, un gesto dirigido a propios y extraños al que se considera obligado para mantener la expectativa de quienes lo rodean y apoyan.
Más allá de la esgrima retórica, no hay nadie que ignore que Scioli es el hombre con más expectativas sucesorias en la estructura del justicialismo. En principio, la imagen positiva que le devuelven los sondeos de opinión –largamente sostenida en el tiempo- y el hecho de que en el actual estado de cosas no hay posibilidades de reelección para Cristina dan un aval muy importante a esas expectativas. El gobernador bonaerense ha hecho una sistemática profesión de lealtad tanto a Néstor como a Cristina Kirchner, aún en momentos delicados, cuando más de uno de sus allegados aconsejaba el desembarco. Sin embargo tampoco aparece como sorpresiva la explícita reserva que su anuncio provocó como respuesta en un sector cercano a la presidenta.
No es muy complejo entrever qué es lo que se juega en el inevitable proceso de sucesión interna en la fuerza gobernante. Hace ya varios años –casi podría decirse desde la asunción de Néstor Kirchner, pero marcadamente desde la apertura del primer período de la actual presidenta- la política argentina ha cambiado el patrón que organiza su disputa. Ya desde la crisis de 2001, los partidos políticos habían perdido su potestad casi excluyente en el trazado de las alternativas electorales posibles. Con la experiencia kirchnerista ya no se trata solamente de esa debilidad orgánica de los partidos, la tensión principal de la política argentina gira, desde entonces en torno de la pregunta sobre la continuidad o no del capítulo transfomador abierto en 2003.


16/05/2012

YPF y los nuevos viejos desafíos

Por Carlos Almenara
Presidente EDE Mendoza en Nuevo Encuentro

O inventamos o erramos
Simón Rodriguez

La expropiación de YPF, avalada por Ley del Congreso de la Nación, constituye un hito que reivindica la sensibilidad del pueblo argentino para reconocerse a sí mismo hermanado en la defensa de un patrimonio que consideramos y sentimos propio. Hay allí una defensa de la soberanía que nos encuentra unidos en nuestro vivir juntos, una reconstrucción del lazo social. También hay una sólida fundamentación económica de la medida.
El declive de la exploración, las mermas de la destilación y el desabastecimiento para presionar por mayores precios por parte de la operación de Repsol constituyeron una combinación perniciosa para el balance macroeconómico y para las posibilidades de continuar con el desarrollo industrial a las que el gobierno puso fin.
Se abren, a partir de ahora, un conjunto de desafíos que no son nuevos pero que adoptan un nuevo cariz. Hablamos de lo que la presidenta ha anunciado como “una YPF con un perfil absolutamente profesionalizado, lo cual no quiere decir que no tenga dirección política”. Esta definición remite directa, decisivamente, a una cuestión añeja: la de la relación entre técnica y política.
En un sentido semejante, el gobernador al inaugurar las sesiones ordinarias de la Legislatura de Mendoza el 1° de mayo anunciaba como primer principio rector de su mandato que “la política es más que la administración”.
Esta relación problemática, esta tensión no resoluble, ha sido abordada por Cristina Fernández con inusual dedicación y detalle en esta oportunidad.

15/05/2012

Dónde estamos parados


Por Edgardo Mocca 

El rumbo de la economía argentina está en el debate mundial. Así se refleja, por ejemplo, en esta nota. Esto es importantísimo, porque la discusión con el neoliberalismo nunca se zanjará de manera teórica; lo que habrá de superar al neoliberalismo es la política.
Creo que habría que esforzarse para que esta cuestión atraviese de manera más clara nuestro debate político interno. Habría que dibujar un calendario histórico imaginario que uniera tres puntos de nuestra historia: 1945, 1975, 2001.
La primera fecha marca en el país el comienzo del peronismo y en el mundo el fin de la guerra y el punto de partida para la experiencia del “estado benefactor” en Europa (Roossevelt ya lo había impulsado en USA desde la crisis del 30). 1975-76 es el rodrigazo y el golpe cívico-militar entre nosotros y el pico de la crisis económica de los años setenta en el mundo. Es el comienzo de la etapa neoliberal-financiarizada-global del capitalismo en escala planetaria. A esa época pertenecen por igual el fin de los grandes relatos, la ideología de la “elección racional”, la decadencia de la clase obrera, el fin del comunismo en la zona soviética y el Consenso de Washington (entre otras bondades de ese estilo).
2001 es un punto raro. Es nuestra crisis más profunda. Las movilizaciones, la desesperación, la resistencia. El comienzo del fin de una etapa. Las condiciones socio-culturales para el surgimiento de un nuevo tipo de liderazgo político. Más allá no sabemos. Hoy sabemos que Grecia no podrá seguir en el euro. Que la “caída” de Grecia (¿será una caída como la nuestra entre 2001 y 2012?) conllevará una crisis general en la región con importantes repercusions mundiales. Pero después qué? El relato feliz dice que después de la crisis del 30 vino el Estado de bienestar y entre nosotros la transformación peronista. Pero en el medio sucedieron muchas cosas terribles que no deben ser olvidadas: el fascismo italiano, el nacional-socialismo alemán, millones de muertos en una guerra mundial
Si la izquierda no se vuelve en Europa el territorio de los descontentos y de los luchadores y se mantiene como la cara refinada y sensible del ajuste brutal, entonces será el tiempo de los aventureros de derecha. Que están creciendo en cada elección. Que son por igual anticapitalistas, antiliberales, xenófobos, racistas y violentos. Todo lo que sigue depende de la capacidad de las fuerzas populares, nacional e internacionalmente, para construir una nueva agenda civilizatoria. Redistributiva, democratizadora, emancipatoria.
De esas cosas hablamos cuando decimos kirchnerismo. No es un catálogo de lo que hay y lo que falta, de los aciertos y de los errores, de los buenos y los malos funcionarios. Es un rumbo político al que la historia terminó vinculando con una encrucijada de alcance mundial en el que, no hace falta decirlo, nos jugamos mucho.

12/05/2012

Y después critican las formas…

Por Mariano Hamilton para diarioregistrado.com


Desde las páginas de La Nación se sigue comparando a la administración de CFK con Hitler y los nazis o con la dictadura y Galtieri. ¿Es gratis ser tan irresponsable? 

La publicidad o propaganda, como más les guste llamarla, que se realizó en las Islas Malvinas ha generado innumerable cantidad de comentarios, muchos de ellos afortunados y otros no tanto, la mayoría de ellos publicados en el diario La Nación.

No vamos a referirnos específicamente a la reflexión de Beatriz Sarlo (“Malvinas y los Juegos: vale todo”, del 8 de mayo de 2012) sobre la comparación entre la comunicación del gobierno de CFK con la del nazismo de Hitler y las películas de Leni Riefenstahl porque la misma Sarlo se ocupó de aclararlo: “Antes de que comiencen los insultos, me apresuro a aclarar que estoy lejos de pensar que el gobierno de CFK tenga algo que ver con el nazismo”. Dejamos pasar por alto el fallido de que el 80 por ciento de su artículo de ocupa de igualar a la administración kirchnerista con la nazi más allá de ese párrafo exculpatorio. Pero nobleza obliga.


Dilemas estratégicos de la oposición

Por Edgardo Mocca para Revista Debate

La oposición al gobierno de Cristina Kirchner es un espacio social amplio, aunque minoritario. Es fuertemente heterogénea su estructura sociodemográfica -aunque con claro predominio de los sectores de altos ingresos- y también su sesgo ideológico, que abarca desde los nostálgicos de la dictadura militar hasta núcleos político-intelectuales de inspiración liberal progresista, pasando por lo que podría considerarse su núcleo central: el mundo de quienes consideran la protección jurídica del capital como un capítulo central del Estado de derecho.
También es muy amplio el registro de la intensidad de esta oposición social. Va desde quienes aceptarían cualquier tipo de experiencia política con tal de terminar con el kirchnerismo hasta aquéllos que conviven pacíficamente con la realidad y consideran que para desalojar a este Gobierno hace falta una promesa política superadora. No puede descartarse que muchos de los que pertenecen al sector “tolerante” de la oposición social hayan engrosado en octubre el capital electoral de la Presidenta, en ausencia de alternativas confiables.
El contexto de debilidad de los partidos políticos, en términos estratégicos, organizativos y de liderazgo, ha permitido que la maquinaria comunicativa hegemónica ocupe el lugar más dinámico e influyente dentro de esta vasta constelación. Así fue, de manera visible, por lo menos desde el conflicto agrario de 2008 hasta las elecciones presidenciales de octubre último. Las líneas editoriales de los medios hegemónicos constituyen los principales y casi únicos documentos orgánicos de la resistencia antikirchnerista en este período. No se trata, claro está, de una hoja de ruta programática e ideológica consistente y coherente; es, más bien, un conjunto relativamente articulado de argumentos muchas veces contradictorios entre sí que confluyen en un único punto: la necesidad de terminar con el ciclo kirchnerista de cualquier manera y en los tiempos más rápidos que sea posible. Desde esa perspectiva se somete a partidos y a líderes de la oposición a un sistemático monitoreo y a una rigurosa evaluación según el modo con que adopten ese inflexible curso estratégico.